7 de enero de 2013

MONSTRUOS DECEMBRINOS


Aunque un poquito fuera de tiempo, no resistí dejar de lado estos comentarios. A mí me gusta la época navideña. Me gusta toda su parafernalia: los adornos, las casa llenas de series de diferentes colores aunque luego en mi casa falte la luz (los transformadores de por aquí ya están muy viejos), los programas navideños (omitiendo las películas tristes), los inflables gigantes para quienes se creen gringos, las comilonas, postres y por supuesto los regalos, y más cuando recibo algunos. Creo que en el fondo soy muy materialista y por eso me parece atractiva la Navidad. Para nada soy un Scrooge o un Grinch. Sin embargo, hay cosas que tenemos que soportar, y no me refiero a las cenas navideñas ni ir a comprar regalos en almacenes repletos de gente. Por estas fechas, aparece un sinfín de criaturas del invierno.

Están los seres de voz horrible que cantan música ranchera después de tomar varias cubas. Los niños vecinitos, antes angelicales, se convierten en verdaderos seres de luz, pero por encender mil cohetes como si estuviéramos en guerra; con cada estallido, no de pólvora, sino de dinamita, te encomiendas a Dios para que no provoquen algún incendio, o que caigan en algún tanque de gas. Corrijo: más que seres de luz, son seres luciferinos. Tampoco nunca falta (no sé si en todos lugares, pero sí por aquí) al vecino ya mayor de edad que, de repente y con unas copas encima, se le mete el espíritu del Latín Lover y sale a la calle a bailar en puros calzones. Por si esto fuera poco, también de repente aparece el abominable Hombre-Vómito, lanzando asquerosos sonidos guturales al mismo tiempo que arroja un buen buche de pestilencia cada tres pasos, mientras camina por las calles, perdiéndose en la lejanía sin dejar de regurgitar escandalosamente.

Y para rematar, está la gran decepción. Unos vecinos nuevos, que siempre consideré personas educadas, finas y sensatas, colocaron sendas bocinas enormes fuera de su casa, para tocar música fea toda la Noche Buena y amanecer en Navidad.

Pues ya qué, son las cosas que hay que soportar para cerrar ciclos. De todas maneras, nada evita respirar pura pólvora en la mañana de enero.

Mario Ramírez Monroy

1 comentario:

  1. Buenísimo amigo , me magino todo lo que vas narrando. Te felicito!!!!

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